identificarlas, qué especie pasó, qué está
haciendo, cómo se movió, por qué está
ahí, qué vegetación está, conocer un
poco de todo del lugar. Llevamos equipo
especializado como cámaras trampa o
binoculares. Les enseñamos a instalar las
cámaras trampa y que ellos observen
cómo se ven las especies dentro de la
cámara, que vean el tamaño y color de la
especie que quieren monitorear… y
principalmente con las aves, les
enseñamos a aprender a escuchar
(Gabriel Martínez de la BMBMA,
entrevista Argueta, agosto 2024)
Entre los pueblos comuneros de Milpa
Alta y San Salvador Cuauhtenco existe
un conflicto ancestral por límites
agrarios, situación que facilita la
explotación no regulada de tierras
forestales. A diferencia de los ejidatarios,
los comuneros tienen sus terrenos
parcelados, lo que ha originado la idea
de derechos en la zona común, a
diferencia de lo que ocurre en los demás
pueblos originarios de Milpa Alta,
quienes ven el territorio como un bien
común que les compete a todos,
roturando las zonas en: forestales, de
transición entre zacatonal y la zona de
pino (Carlos López, Contraviento A.C.,
entrevista Argueta, agosto 2024).
Aunque hay familias que buscan resignificar
las actividades agrícolas tradicionales y
fomentar la agroecología, hay muchos
productores que están inscritos en proyectos
de monocultivos, auspiciados por el Estado.
Muchos programas agropecuarios fomentan
la agricultura comercial, el despojo y la
colonización de la naturaleza, conformando
un sistema de dominación que se articula en
torno a la privatización de los espacios
comunes, los proyectos extractivistas y el
desplazamiento de la cultura, un modelo de
vida que es diseñado de acuerdo con los
intereses del capitalismo depredador (Rico,
2025).
Además de los embates de la agroindustria en
forma de monocultivos, la representación
general de bienes comunales, principalmente
el Área Comunitaria de Conservación
Ecológica, se ha visto debilitada en su gestión
ambiental, a decir de Juan Carlos desde la
muerte del representante comunal Julián
Flores en 2018, no ha habido quien lo
sustituya “ya sea por falta de interés o porque
el campo es sostenido principalmente por los
adultos mayores, arraigados a su territorio”
(Carlos López, Contraviento A.C., entrevista
Argueta, agosto 2024).
A más de 40 años de la aplicación del modelo
de agricultura de monocultivos en países en
vías de desarrollo no sólo no ha resuelto el
problema de pobreza y hambre, sino que ha
generado una crisis ambiental y social
(Gomero, 2001). La agricultura industrial
sigue siendo defendida por el mercado global
y las políticas neoliberales-extractivistas,
aunque sólo produce 20 por ciento en
alimentos, ocupa el 80 por ciento de la tierra
arable de la región (Barros, 2019). De
acuerdo con Juan Carlos López, de la
organización local de Contraviento AC, estas
prácticas agrícolas comerciales se fortalecen
gracias a los conflictos territoriales y la falta
de límites agrarios en el uso de suelo.
El Área Comunitaria de Conservación
Ecológica en 2018 comprendía cerca de
cinco mil hectáreas en la zona forestal, de un
lado estaba el lado el paraje denominado
Llano de Morales y del otro, la Comalera,
este espacio se convirtió en una la zona de
conflicto con San Salvador Cuauhtenco,
debido a la roturación y el cambio de uso de
suelo que permitió el cultivo de los
monocultivos de avena, tal como explica
Gabriel Martínez de Contraviento A.C
Con el tiempo más bien empezamos a
notar mucho el desplazamiento de las
especies, justo el gorrión y el zacatuche
habitando arriba de 3 mil metros sobre
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ciencias Sociales
CON
Año 18, nº 34, junio 2026