nada. Yo no digo que soy indígena ni
nada, pero la gente ya te pone un rótulo
condicionados a una dualidad despótica que
los obliga a situarse en un extremo u otro,
determinándolos a ser una cosa o la otra
(Anzaldúa, 2016). “No me identifico con
ningún grupo étnico, pero sí he sentido que
algunas personas me han tratado diferente
por cómo me veo. Creo que todavía hay
muchos prejuicios, sobre todo si no tienes
rasgos finos o si hablas diferente” (M,
comunicación personal, 18/05/2023). En este
marco, la clasificación social se sostiene en
atributos fenotípicos y raciales, dando lugar
a una construcción social y política
condicionada por el triunfo de la modernidad,
la cual es vivida como una suerte de devenir
histórico. Aquellos que no encajan en estos
criterios son combatidos a través de
relaciones de diferenciación y exclusión,
constituyendo relaciones sociales de carácter
racista (Wieviorka, 2009). Sin embargo, este
tipo de comportamiento no siempre es
(A,
comunicación
personal,
05/05/2023).
La forma en la cual el sujeto es clasificado
por
los
códigos
binarios
incide
de
en
la
la
modernidad/colonialidad
adopción de ciertas estéticas corporales,
entendidas como estrategias de
mimetización. Desde esta perspectiva, la
performatividad puede comprenderse como
un dispositivo civilizatorio mediante el cual
el sujeto, condicionado por las jerarquías de
la colonialidad, adapta de manera permanente
su cuerpo y su estética en función de la
validación y valoración social. Este proceso
los
representación de la diferencia cultural,
donde se negocian permanentemente
sitúa
en
espacios
liminales
de
experiencias intersubjetivas y colectivas
(Bhabha, 2002, citado en Diéguez, 2007).
consciente, sino que responde
a
la
La dinámica descrita forma parte de los
mecanismos de producción de una mimesis
orientada a la búsqueda de la mismidad.
“Mirá, yo tengo facciones que a algunos les
parecen ‘nativas’. Me lo han dicho: ‘tenés
cara de campesino’, y me lo dicen como
burla. Entonces aprendí a cuidar más mi
imagen, a vestirme bien, a tener el pelo
ordenado. No es que me avergüence, pero si
no te cuidas, te miran mal” (P, comunicación
personal, 15/05/2023).
interiorización de un tipo de relaciones
sociales estructuradas por la subjetividad
colonial. “Yo soy moreno, y ya me tratan
como si fuera ayudante de alguien. Una vez
un docente me dijo que, si podía traerle una
carpeta, creyendo que yo era el portero. No
sé si fue racismo, pero me dolió. Y no fue la
única vez” (H, comunicación personal,
01/05/2023). Esta forma de estigmatización
del otro, basada en la estética y la
corporalidad, activa prácticas racistas desde
la representación dominante de lo bello y de
la estética socialmente legítima.
Desde la perspectiva de Goffman (2006),
tanto la identidad social como la personal son
construcciones subjetivas que se configuran
a partir de la experiencia del sujeto, pero
también de las expectativas, atribuciones y
definiciones que los otros elaboran sobre él.
Estas identidades adquieren relevancia
cuando son interpretadas y valoradas desde
cánones de la modernidad/colonialidad, que
operan mediante clasificaciones jerárquicas
y dicotómicas. En este marco, los sujetos son
En tal sentido, “las prácticas de racismo se
dan en las relaciones interpersonales de la
vida cotidiana” (Molina, 2022, p. 24).
“Nunca me dijeron ‘vos sos indígena’, pero
por cómo hablo, cómo me veo, ya te tratan
diferente. En clases me han corregido el
acento o hecho bromas. No lo dicen feo, pero
se siente. Es como si no encajaras del todo”
(Jh, comunicación personal, 30/05/2023). Es
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ciencias Sociales
CON
Año 18, nº 34, junio 2026